A qué nos encadenamos
Por Víctor Hugo Olmos Olalde
06 de septiembre de 2026
¿Nunca te imaginas las cosas de forma diferente a como son en realidad? dicha por Anne of Green Gables [Ana de las Tejas Verdes] de Lucy Maud Montgomery va más allá de la forma de entender que es lo que pasa en nuestras vidas (Cap. VIII), posteriormente llevada a una serie televisiva con el nombre Anne with an E.
De un momento a otro las cosas parecen impredecibles, todo aquello que se aprende se convierte en experiencias constantes y que van formando una estructura que conecta con el comportamiento, el pensamiento y se relaciona con el entorno.
Te comparto uno de los tantos cuentos que le han dado a mi vida un golpe de conciencia en este andar constante de aprender. Una fábula adaptada a cuento por el psicólogo humanista, Jorge Bucay.
El elefante encadenado.
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente –¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:
– Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…
A veces cuesta trabajo entender por qué seguimos en una relación en la que ya no deseamos estar, hacer tareas repetidas con un propósito perdido o retomar aquello que deseamos y no llega. Dejamos de intentar por una idea que fue incrustada en algún momento de nuestra vida.
No es que dejemos de luchar por un sueño, por una relación, o por aquello que deseamos, y no me refiero a ese deseo infame de querer algo a la fuerza contra la voluntad de alguien más.
Como finaliza Bucay, hemos crecido con mensajes que se van autoimponiendo: No puedo, No es posible, Es de esta manera, No puede ser de otra manera, Debe ser así… Estos mensajes o ideas se metieron tan fuerte en nuestra mente que consideramos que no hay posibilidad alguna de que sea diferente.
Durante nuestro desarrollo, vamos aprendiendo a través de la enseñanza, aquello que es compartido por los demás como acciones repetidas y conceptualización de reglas y comportamientos, aunado a ello, la crianza, aquella relación de nuestros principales cuidadores tienen con nosotros y que la acompaña una finita relación con nuestros primeros años. Es en esos momentos, como con el elefantito, en los que interiorizó una capacidad que faltaba madurar y genera una indefensión.
Un ejemplo con el que podemos entender este último concepto se da cuando un estudiante se enfrenta a un fracaso repetido, por ejemplo, con las matemáticas. Asume que su incapacidad es un rasgo permanente y deja de esforzarse, arrastrando ese límite autoimpuesto hasta la edad adulta.
La estaca representa una “idea”, la mayor parte de las veces convertida en prejuicios que los adultos depositan en la pequeña cabecita de los niños y niñas durante la infancia. Frases que podemos reconocer como “eres un desastre”, “no tienes cabeza para esto”, “nunca vas a aprender” se van colocando en la estructura cognitiva y actúan como la estaca que fija la cadena. El pequeñin crece con esa idea fija y la convierte en su propia realidad.
¿Qué podemos hacer para que la idea sea modificada?
Primeramente debemos comprender que la función principal de la educación no debe ser “domesticar o adiestrar” a nuestros niños, sino emancipar. Paulo Freire resalta que al educar es importante ayudar al estudiante a darse cuenta de sus propia fuerza, momento de concientización, acompañandolo a cuestionar sus aparentes limitaciones internalizadas, para comprende desde el pensamiento critico que esas barreras no son naturales ni permanentes, sino históricas y superables.
Para finalizar, es sugerible reconocer que evaluar el presente con el pasado, sin una comparativa acompañada, permite que la idea permanezca, y no se logre la generación de una nueva idea, más abierta a la que se insertó.
Así, por ejemplo, el elefante, ya maduro, no actualiza su idea: juzga su fuerza actual con la fuerza que tenía cuando era un pequeño elefante, entendiendo que el aprendizaje es dinámico; lo que un estudiante no podía hacer ayer, probablemente sí pueda abordarlo hoy con las herramientas y la madurez adecuada.
Referencias
- Bucay, J. (2000). Déjame que te cuente: Los cuentos de Jorge Bucay (7a ed.). RBA/Integral.
- Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (2a ed.). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1970)
- Google. (2026). Imagen del cuento “El elefante encadenado” [Imagen generada con inteligencia artificial]. Gemini. Recuperado el 6 de septiembre de 2026.
- Montgomery, L. M. (2017). Ana de las Tejas Verdes (M. Fernández, trad.). Alma Clásicos. (Trabajo original publicado en 1908)